Una aproximación deontológica para el abogado ambiental: Homenaje al Profesor Juan Manuel Sabogal

Actualizado: nov 9

Gustavo Adolfo Guerrero Ruiz

Socio | Recursos Naturales y Ambiente

@gguerreroruiz


El día de hoy nos sorprendió con una terrible noticia que inunda nuestros corazones de pena y dolor: el Profesor Juan Manuel Sabogal Sabogal ha fallecido, dejando un inmenso vacío en la vida de quienes tuvimos el privilegio de ser sus amigos, de su familia y de la comunidad jurídica en el país, especialmente del gremio de abogados dedicados a la práctica del derecho ambiental en Colombia.


El Profesor Sabogal, además de haber sido uno de los abogados mas reputados en el país en la práctica del derecho ambiental y reconocido docente en la materia, era un ser humano excepcional, que me honró particularmente durante 20 años con su incondicional amistad, colmada de generosidad personal y profesional, de la que me quedan incontables lecciones, vivencias y especialmente una infinita gratitud.


Justo la noche anterior a su partida, tuvimos la oportunidad de compartir el último de nuestros espacios de construcción colectiva de academia y debate, preparando un par de eventos que desde el Colegio Colombiano de Abogados Administrativistas y del Centro de Estudios en Política y Legislación Ambiental de Colombia (CEPLAC) debíamos atender en días próximos; cada espacio de conversación con Juan Manuel era realmente reconfortante para el espíritu y para la mente, ya que además de agotar de manera rigurosa mutuas bromas en torno a nuestros equipos de futbol del alma (Juan Manuel, pese a ser Tolimense, era un Santafereño furibundo, y yo, como Bogotano, ferviente hincha de Millonarios); de compartir nuestras últimas novedades y adquisiciones musicales (todo tipo de instrumentos de cuerda); teníamos la oportunidad de compartir reflexiones en torno a nuestro oficio y especialmente a la rama que nos convocó desde siempre: el derecho ambiental.


Y es justamente en torno a sus reflexiones que su legado resulta mucho mas rico pero quizás de manera paradójica, silencioso, mas no inadvertido: para Juan Manuel, la práctica del derecho ambiental demandaba como ninguna otra rama del derecho de abogados integrales, con capacidad de servir pero también de transmitir su conocimiento, estudiosos de todas las ramas del derecho, enfatizando de acuerdo a su criterio en el derecho procesal y civil, pero particularmente en el derecho administrativo, por lo que fue para él de un valor inmenso nuestra vinculación al Colegio Colombiano de Abogados Administrativistas como al Centro de Estudios en Derecho Procesal - CEDEP, pues es justo allí en estos ámbitos de la disciplina jurídica, en los que se encuentra según me expresó en múltiples ocasiones, la capacidad transformadora del derecho ambiental.


Este atributo de esta rama del derecho, indispensable para el Profesor Sabogal, supone para nosotros, los abogados dedicados a la práctica del derecho ambiental, otro reto fundamental: responder a las necesidades que la crisis global nos demanda no solo desde el ejercicio en defensa del ambientalismo como motivo o razón política o ideológica, sino desde la raíz misma del sistema productivo, en últimas el llamado a cualificar su acción de manera eficaz, transformadora de realidades, e incidente en la generación de condiciones para un presente y un futuro mejor, por ende, una apuesta deontológica para el abogado ambiental es sin duda, que se ubique donde se ubique en el espectro político, ideológico o de la misma sociedad, no solo respete sino reconozca como legítimas todas las voces y expresiones de un derecho ambiental en cuya pluralidad reposa su oportunidad transformadora.


A propósito de ello, por estos días, comentaba con Juan Manuel, cómo un foro académico del que ambos formamos parte, empezaba a resultarme incómodo en razón a las expresiones radicales y especialmente intolerantes frente al planteamiento ajeno en relación a diversos temas jurídicos ambientales, situación por demás reiterada en muchos ámbitos particularmente propiciados por la impersonal discusión que las redes sociales suscitan; al plantearle al Profesor Sabogal mi idea de abandonar este foro incómodo, su respuesta fue tajante: no podemos irnos y tenemos que estar allí, es importante que estemos allí, tenemos que aprender a escuchar y a que nos escuchen, no podemos claudicar en ese propósito.


Cuanta razón le asistía al Profesor Sabogal en su reflexión: el camino fácil para el abogado ambiental, es el de la intolerancia y la concurrencia exclusiva a comités de aplausos, de palmadas en la espalda, cuando el reto y deber ser, sea cual sea la causa que en su ejercicio profesional corresponda defender a cualquiera de nosotros, es que se reconozca siempre nuestra gestión y actuar como legítimos. De igual forma, es menester que la voz del profesional del derecho que asume la defensa de una causa, no sea confundida con la causa misma, porque ese es justamente estimados colegas, el sentido de nuestra profesión, de nuestro oficio: representar con lealtad, dignidad, honradez y pulcritud profesional, la razón o propósito legal y ético que nos haya sido encomendado.


Resulta pues indispensable en nuestra práctica profesional en estos tiempos, no solo oír y reconocer al contradictor, sino en razón al respeto que ello supone, escuchar su razón, opinión o argumento, a tal punto, que estemos dispuestos a ser convencidos por el mismo: nada mas ajeno al deber ser de nuestra profesión que los debates jurídicos en los que nuestra única aspiración al concurrir sea la de convencer al otro, o vanidosamente imponer triunfante nuestra propia convicción.


La respuesta desde una perspectiva jurídica a la crisis ambiental esta en la voz de todos y en la de ninguno; las lógicas, saberes y valores que concurren en la discusión jurídica ambiental si bien requieren claridad honesta en su expresión, también demandan humildad, ese atributo tan escaso por estos días entre nosotros pero que Juan Manuel, silenciosa pero sabiamente, procuró implantar en quienes tuvimos la fortuna de coincidir en el tiempo y espacio con el, como un motivo que condujo su tránsito por la vida.


Un abrazo para la eternidad mi estimado Doc.



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